Reflexiones sobre una fotografía de Juan Rulfo

   

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Las construcciones cuyas ruinas
se elevan hacia el cielo
resultan a veces doblemente hermosas los días claros,
cuando la MIRADA SE CRUZA,
a través de sus ventanas
o en sus partes más altas,

con nubes que Pasan.
La destrucción reafirma
gracias al efímero espectáculo que abre en el cielo, 
la eternidad de aquellas ruinas.
Walter Benjamin, Dirección única

Todos los que crecimos en Uruapan sabemos que ir al Volcán Paricutín es casi parte del programa oficial de la Secretaría de Educación Pública para el año en curso. Durante mi educación primaria y secundaria debimos haber ido al menos 3 ó 4 veces. Y en prepa otra, con Samo, un buen maestro de Economía y de Historia.

Todos los que crecimos en Uruapan sabemos que ir al Volcán Paricutín casi es parte del programa oficial de la SEP para el año en curso. Durante mi educación primaria y secundaria debimos haber ido al menos 3 ó 4 veces. Y en prepa otra, con Samo, un buen maestro de Economía y de Historia.

Cuando comencé mi proyecto de investigación para la maestría en Letras quería entender mejor cómo la fotografía puede leerse y entenderse de una manera más articulada. Si una novela puede tener múltiples líneas de lectura y servir de puente para lecturas políticas e históricas, por qué una fotografía no. O por qué era tan difícil para mí, entonces, entrar en el lenguaje pictórico y extraer sentido de una imagen. Esta imagen se me apareció de nuevo esta semana, no de manera física, sino producto de una evocación que sustraje en la memoria.
Crecí a unos 40 kilómetros de donde aconteció este suceso en 1943. El volcán Paricutín hizo erupción y las ruinas quedaron ahí no sé bien para qué. Qué nos querían enseñar, cuando niños, con esas visitas anuales al volcán, que se sentían como visitar la tumba de un difunto. ¿Qué quizo recoger Rulfo en esta imagen sobre ese acontecimiento? ¿Era la muerte? ¿La vida? ¿Las dos cosas a la vez?
David Campany, en su artículo “Seguridad en la parálisis: algunas observaciones sobre los problemas de la <<fotografía tardía>>” (2007), señala que los fotoperiodistas de antaño solían estar en el centro del acontecimiento porque la fotografía estaba en el centro de la cultura. Campany nos cuenta que la primera Guerra del Golfo en Kuwait ha sido calificada a menudo como la primera guerra vivida en términos de simulación de imagen: “Muy pocos fotógrafos cubrieron esa guerra porque no estaba permitido hacerlo” (143). La coyuntura permitió que este tipo de fotografías “tardías” ofrecieran “una reflexión alegórica y distanciada sobre la imagen fotográfica como prueba y sobre las demandas de la fotografía documental en boga” (144). La fotografía tardía se aleja pues del morbo fotográfico del que cada día somos parte, su estilo sobrio nos permite entrar, como habíamos señalado, en el terreno de la reflexión. En esta categoría se encuentra nuestra fotografía del Paricutín. Es una fotografía tardía, fría, pero latente, en reposo.
La ruina es algo que no muere bien, y que menos vive bien. Es la amalgama perfecta entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Nos pertenece a ambos al mismo tiempo y de la misma forma. En este sentido la ruina es un umbral histórico, un espacio de tránsito entre dos mundos: rememora y conmemora un acontecimiento al mismo tiempo que nos habla de un presente estéril.
El estatismo al que Rulfo somete a la ruina en la fotografía sobre el Paricutín, dándole el espacio y el tiempo necesario al acontecimiento al que remite el segundo plano, habla de la predilección por darle tiempo al acontecimiento. Tomo prestado de Campany algunos fotógrafos que han practicado en nuestros días este tipo de respuesta estética ante el acontecimiento: Willie Doherty, Paul Seawright, Sophie Ristelhueber, Richard Misrach. Esta predilección del arte contemporáneo por la “fotografía tardía” se ha convertido en una respuesta al frenetismo con el que las noticias ofuscan los acontecimientos.
Esta imagen representa el acontecimiento pero no como instante, sino como mera revaluación del mismo, quizá el presente del mismo, la contingencia del acontecimiento, antes o después, eso no importa, lo que importa es la posibilidad del acontecimiento. La fotografía de Rulfo, en lo general, revela la posibilidad de los hechos. Y es hasta detectivesca. Rulfo llega a la escena como el detective que ha sido convocado luego del suceso a recoger las pruebas. Llega para capturar lo último del acontecimiento antes de transformarlo en anécdota.
 

pasan. La destrucción reafirma, gracial efímero espectáculo que abre en el ciepasan. La destrucción reafirma, gracias

 

hermosas los días claros, cuando la

mirada se cruza, a través de sus ventanas

o en sus partes más altas, con nubes que

pasan. La destrucción reafirma, gracias

al efímero espectáculo que abre en ella eternidad de aquellas ruinas.

 

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