Tres congresos en tres actos

   

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Para Eli y Juan Pablo

I

I
Hoy me encuentro en Lublin por segunda vez, luego de nueve años. A diferencia de aquella ocasión, en que visité la ciudad durante el invierno, hoy tengo la fortuna de estar aquí en pleno verano, y quizá por ello mire esta ciudad con más asombro que la primera vez que estuve aquí. Nunca imaginé que luego de la larga y oscura noche invernal, que es solo una -de infinitas horas y luego días-, las enredaderas sobre los muros de las casas florecieran como lo demuestran hoy. Tampoco que estuviera nuevamente en esta ciudad: nadie que viva en Latinoamérica y haya caído de manera azarosa en esta ciudad del sur de Polonia puede imaginarse en este sitio más de una vez en su vida, así que me considero afortunado de estar nuevamente aquí, contemplando el devenir de este mayo.

 

La primera vez que estuve en Lublin, en diciembre de 2014, arribé luego de obtener un apoyo para estudiantes en el posgrado de literatura mexicana. Era poco conocido que el Departamento de Publicaciones destinaba una parte de su presupuesto a investigaciones que pudieran publicarse fuera del país. Así que cuando escuché a uno de mis compañeros hablar de esto, me pasé toda la noche buscando congresos de literatura latinoamericana en Europa. Encontré más de un centenar de congresos, y a continuación compendio el top 5 de los más memorables:

-“VI Congreso de Textos, Palabras, Gestos, Mímicas y Mimiquitas”, celebrado en la Universidad Complutense de Madrid;
-“Primer Congreso de literatura del regreso: ¿era yo el que regresaba o eras tú el que regresaba?”, de la Universitá di Padova;
-“VII Simposio Internacional de Redes, transferencias, transgresiones y transmediaciones en la Literatura Posmoderna”, de la Universidad Carlos III de Madrid;
-“Segundo Congreso Internacional sobre isomorfismo de los saberes: proyecciones -e inyecciones- de la ciencia en la literatura titánica del siglo XXI”, de la Universidad de Bucarest;
-finalmente, el organizado por el Instituto de Estudios Medievales de la Universidad de Praga, “Recreando, re-creando y recre-ando la Edad Media en la cultura popular”.

 

Por un momento me habría gustado encajar en el primero, haber comprendido de sopetón el concepto que llevaba por título y ejecutar algo a la altura, pero luego de leer la descripción me di por vencido y seguí de paso hasta encontrar algo en donde pudiera insertar a Daniel Espartaco Sánchez, a quien había comenzado a estudiar recientemente y a quien fácilmente podría justificar en el marco de la hispanidad y la literatura del siglo XXI en Latinoamérica.

 

Encontré un par: la “Jornada de Estudios iberoamericanos sobre infancia y maldad en la literatura del siglo XX y XXI”, organizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile pero celebrado en la Universitat de Barcelona -primera vez que veía un ensamblaje por el estilo -; y el segundo, de la Universidad Maria Curie-Skłodowska de Lublin, “Segundo Congreso de estudios comparativos en la narrativa breve de violencia y dolor”. “Violencia y dolor”, pensé, altamente apto para cualquier académico estudiando narradores hispanoamericanos. Hice clic para mirar los requerimientos.
En resumen, había que enviar un abstracto de 250 palabras sobre la investigación y dos pliegos sobre la misma, y una vez aceptado por el comité, transferir la suma de ciento cuarenta dólares americanos a una cuenta en Polonia. El pago incluía un ejemplar del primer congreso del coloquio, café o te durante todo el evento -más galletas y snacks-, así como una visita en grupo a la fábrica de cerveza Pearl-Lublin SA Breweries y un remate de tapas con cerveza en el Perłowa Pijalnia Piwa. Aquello, más que un congreso de literatura parecía una experiencia de AirBnb. Así que me apuré a escribir un asbtract de 250 palabras y a cortar y confeccionar aquí y allá mi más reciente aportación al campo de la investigación en las letras mexicanas, hasta que lo conseguí: dos cuartillas que tuvieron a bien ser aprobadas. Lo siguiente estaba hecho: había que justificar esa visita ante el Departamento de Publicaciones de la universidad, pero para algo había yo estudiado Ciencias de la Comunicación.
Llegar a la ciudad fue un viacrucis por sí mismo: abordar en Guadalajara, llegar a la hoy Ciudad de México, desembarcar en Frankfurt para abordar otro avión y aterrizar en Varsovia, y luego de eso tomar una van apócrifa afuera del aeropuerto que te dejara en la plaza principal de Lublin luego de cuatro horas de camino. De ahí ándale al hotel, porque nunca le pude explicar a un taxista local que necesitaba llevarme a una casa de cambio para poder pagarle en zlotys. Finalmente llegué al hotel, me acodé sobre el mostrador, saqué mi libreta y me alivié al decir: mam rezerwacje.
II
A Mirna y Flavio los conocí aquella tarde de 2014 que decidí bajar al lobby en busca de algo para comer. Recuerdo que clarito escuché un acento chileno, inconfundible, quejándose del pan duro del restaurante del hotel -era la voz de Mirna. Ha pasado tanto tiempo y todos recordamos exactamente cómo nos conocimos. Ese día nos dijimos hola y de inmediato todos supimos que lo que nos traía a ese lugar era definitivamente ese congreso, pues de qué otra forma uno termina en Lublin si no es gratis.

 

Hoy, luego de nueve años, con el cansancio acumulado luego del viaje y sabiendo que si llego al hotel me quedaré dormido hasta el día siguiente, les digo a Mirna y a Flavio que es momento de vernos a las dos de la tarde en el Perlowa.
¿Recuerdan que aquí mismo conocimos a un español que traía una ponencia rarísima que se llamaba algo así como “Mecanismos de una construcción sin miramientos en seis relatos fantásticos?”, dice Mirna. Sí me acuerdo, dice Flavio, pues me sentaron en la misma mesa que a él. Era buen tipo pero bien locuaz, hasta tenemos una foto con él. Ni me acordaba, les digo.
A Mirna y a Flavio, si bien los conocí aquel invierno del catorce, no es la última vez que los vi. Un año después de aquel encuentro Mirna y yo recibimos un correo de Flavio anunciando que había concursado por una plaza en la Universidad de Concepción y la había ganado hacía unos meses, y ahora organizaba por primera vez un congreso de dramaturgia en Latinoamérica. Pero si yo no sé nada de teatro, dije, a lo que Flavio respondió: y qué más da si el comité soy yo. Tú mándame algo y ya veremos dónde lo metemos. Es más, mándame algo de Leñero, dijo. Pero si yo sólo he leído “El juicio”, no sé más de Leñero. Pues mándame algo sobre eso.
Por la noche releí “El juicio” y en un par de días escribí un abstracto del que nadie se sentiría orgulloso. Horas después recibí la aprobación del “comité” y entonces fui nuevamente al Departamento de Publicaciones para pedir un apoyo y viajar a Concepción. Me lo dieron, y ahí me reencontré con Mirna y Flavio en 2015.
Para variar era invierno, y el frío de Concepción es una cosa seria como lo es el de Lublin. Ya tenemos el programa listo, dice Flavio y me extiende un tríptico. Había otras dos expertas en Leñero así que te pusimos en su misma mesa. Son dos maestras de la UNAM. De tiempo completo. Tienen plaza. Me quedo blanco al escucharlo. No mames, Flavio, cómo se te ocurre. No sé ni madres de Leñero, cómo me pones en una mesa de expertos de Leñero, no jodas. Ven, exclama Flavio lo más tranquilo, vamos a tomarnos una Piscola, ya vas a ver qué bien te sienta un combinado nacional.
III
Mientras vamos por nuestra tercera pinta en el Perlowa, Mirna y yo disertamos sobre lo que es vivir alejados de la Academia. Escribo con más gusto, dice Mirna. Ahora cuando voy a congresos, como ahora, que estamos aquí por el puro pinche gusto -dice el pinche mirándome, como buscando decirme mira lo que aprendí en este tiempo-, disfruto el acto de escribir. Ya no necesito estar adscrita ni alineada a una línea de investigación. La única diferencia es que ahora los congresos me los tengo que pagar yo misma, pero me ha vuelto el gusto por escribir.
Lo mismo es mi caso, les digo yo. Yo también terminé hasta el huevo de escribir pinches tesis y escribir como académico. No escribo tanto como escribía antes, pero al menos no escribo ahuevo. “Ahora resulta que el único pendejo aquí soy yo”, dice Flavio. Pues claro, debí seguir sus pasos y seguir con mi programita de Radio en Biobío, y seguir viviendo de publicidad.
Mirna pide otra ronda. Al paso de las horas el Perlowa se ha llenado de gente, quizá han entrado unas doce personas más. Para mí esto está ya lleno, a reventar, dice Mirna. Para mí es que también, digo. Flavio saca el tríptico de su maletín y nos muestra el programa del VIII Congreso de estudios comparativos en la narrativa breve de violencia y dolor” en donde mañana compartiremos todos una ponencia. Nunca creí que este congreso llegaría siquiera a cinco ediciones, ya va por la octava. Y pensar que nosotros lo vimos nacer, dice Flavio. Y no lo veremos morir, dice Mirna, mientras se siga llamando Narrativas de violencia y dolor aquí habrá siempre un latinoamericano dispuesto a hablar de su literatura nacional. Bebemos hasta el anochecer y luego de cerrar la cuenta los tres nos vamos.
 

 

 

  1. “VI Congreso de Textos, Palabras, Gestos, Mímicas y Mimiquitas”, celebrado en la Universidad Complutense de Madrid;
    • “VI Congreso de Textos, Palabras, Gestos, Mímicas y Mimiquitas”, celebrado en la Universidad Complutense de Madrid;
 
 

I

Hoy me encuentro en Lublin por segunda vez, luego de nueve años. A diferencia de aquella ocasión, en que visité la ciudad durante el invierno, hoy tengo la fortuna de estar aquí en pleno verano, y quizá por ello mire esta ciudad con más asombro que la primera vez que estuve aquí. Nunca imaginé que luego de la larga y oscura noche invernal, que es solo una -de infinitas horas y luego días-, las enredaderas sobre los muros de las casas florecieran como lo demuestran hoy. Tampoco que estuviera nuevamente en esta ciudad: nadie que viva en Latinoamérica y haya caído de manera azarosa en esta ciudad del sur de Polonia puede imaginarse en este sitio más de una vez en su vida, así que me considero afortunado de estar nuevamente aquí, contemplando el devenir de este mayo.

            La primera vez que estuve en Lublin, en diciembre de 2014, arribé luego de obtener un apoyo para estudiantes en el posgrado de literatura mexicana. Era poco conocido que el Departamento de Publicaciones destinaba una parte de su presupuesto a investigaciones que pudieran publicarse fuera del país. Así que cuando escuché a uno de mis compañeros hablar de esto, me pasé toda la noche buscando congresos de literatura latinoamericana en Europa. Encontré más de un centenar de congresos, y a continuación compendio el top 5 de los más memorables:

  • “VI Congreso de Textos, Palabras, Gestos, Mímicas y Mimiquitas”, celebrado en la Universidad Complutense de Madrid;
  • “Primer Congreso de literatura del regreso: ¿era yo el que regresaba o eras tú el que regresaba?”, de la Universitá di Padova;
  • “VII Simposio Internacional de Redes, transferencias, transgresiones y transmediaciones en la Literatura Posmoderna”, de la Universidad Carlos III de Madrid;
  • “Segundo Congreso Internacional sobre isomorfismo de los saberes: proyecciones -e inyecciones- de la ciencia en la literatura titánica del siglo XXI”, de la Universidad de Bucarest;
  • finalmente, el organizado por el Instituto de Estudios Medievales de la Universidad de Praga, “Recreando, re-creando y recre-ando la Edad Media en la cultura popular”.

Por un momento me habría gustado encajar en el primero, haber comprendido de sopetón el concepto que llevaba por título y ejecutar algo a la altura, pero luego de leer la descripción me di por vencido y seguí de paso hasta encontrar algo en donde pudiera insertar a Daniel Espartaco Sánchez, a quien había comenzado a estudiar recientemente y a quien fácilmente podría justificar en el marco de la hispanidad y la literatura del siglo XXI en Latinoamérica.

            Encontré un par: la “Jornada de Estudios iberoamericanos sobre infancia y maldad en la literatura del siglo XX y XXI”, organizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile pero celebrado en la Universitat de Barcelona -primera vez que veía un ensamblaje por el estilo -; y el segundo, de la Universidad Maria Curie-Skłodowska de Lublin, “Segundo Congreso de estudios comparativos en la narrativa breve de violencia y dolor”. “Violencia y dolor”, pensé, altamente apto para cualquier académico estudiando narradores hispanoamericanos. Hice clic para mirar los requerimientos.

            En resumen, había que enviar un abstracto de 250 palabras sobre la investigación y dos pliegos sobre la misma, y una vez aceptado por el comité, transferir la suma de ciento cuarenta dólares americanos a una cuenta en Polonia. El pago incluía un ejemplar del primer congreso del coloquio, café o te durante todo el evento -más galletas y snacks-, así como una visita en grupo a la fábrica de cerveza Pearl-Lublin SA Breweries y un remate de tapas con cerveza en el Perłowa Pijalnia Piwa. Aquello, más que un congreso de literatura parecía una experiencia de AirBnb. Así que me apuré a escribir un asbtract de 250 palabras y a cortar y confeccionar aquí y allá mi más reciente aportación al campo de la investigación en las letras mexicanas, hasta que lo conseguí: dos cuartillas que tuvieron a bien ser aprobadas. Lo siguiente estaba hecho: había que justificar esa visita ante el Departamento de Publicaciones de la universidad, pero para algo había yo estudiado Ciencias de la Comunicación.

            Llegar a la ciudad fue un viacrucis por sí mismo: abordar en Guadalajara, llegar a la hoy Ciudad de México, desembarcar en Frankfurt para abordar otro avión y aterrizar en Varsovia, y luego de eso tomar una van apócrifa afuera del aeropuerto que te dejara en la plaza principal de Lublin luego de cuatro horas de camino. De ahí ándale al hotel, porque nunca le pude explicar a un taxista local que necesitaba llevarme a una casa de cambio para poder pagarle en zlotys. Finalmente llegué al hotel, me acodé sobre el mostrador, saqué mi libreta y me alivié al decir: mam rezerwacje.

II

A Mirna y Flavio los conocí aquella tarde de 2014 que decidí bajar al lobby en busca de algo para comer. Recuerdo que clarito escuché un acento chileno, inconfundible, quejándose del pan duro del restaurante del hotel -era la voz de Mirna. Ha pasado tanto tiempo y todos recordamos exactamente cómo nos conocimos. Ese día nos dijimos hola y de inmediato todos supimos que lo que nos traía a ese lugar era definitivamente ese congreso, pues de qué otra forma uno termina en Lublin si no es gratis.

Hoy, luego de nueve años, con el cansancio acumulado luego del viaje y sabiendo que si llego al hotel me quedaré dormido hasta el día siguiente, les digo a Mirna y a Flavio que es momento de vernos a las dos de la tarde en el Perlowa.

¿Recuerdan que aquí mismo conocimos a un español que traía una ponencia rarísima que se llamaba algo así como “Mecanismos de una construcción sin miramientos en seis relatos fantásticos?”, dice Mirna. Sí me acuerdo, dice Flavio, pues me sentaron en la misma mesa que a él. Era buen tipo pero bien locuaz, hasta tenemos una foto con él. Ni me acordaba, les digo.

A Mirna y a Flavio, si bien los conocí aquel invierno del catorce, no es la última vez que los vi. Un año después de aquel encuentro Mirna y yo recibimos un correo de Flavio anunciando que había concursado por una plaza en la Universidad de Concepción y la había ganado hacía unos meses, y ahora organizaba por primera vez un congreso de dramaturgia en Latinoamérica. Pero si yo no sé nada de teatro, dije, a lo que Flavio respondió: y qué más da si el comité soy yo. Tú mándame algo y ya veremos dónde lo metemos. Es más, mándame algo de Leñero, dijo. Pero si yo sólo he leído “El juicio”, no sé más de Leñero. Pues mándame algo sobre eso.

Por la noche releí “El juicio” y en un par de días escribí un abstracto del que nadie se sentiría orgulloso. Horas después recibí la aprobación del “comité” y entonces fui nuevamente al Departamento de Publicaciones para pedir un apoyo y viajar a Concepción. Me lo dieron, y ahí me reencontré con Mirna y Flavio en 2015.

Para variar era invierno, y el frío de Concepción es una cosa seria como lo es el de Lublin. Ya tenemos el programa listo, dice Flavio y me extiende un tríptico. Había otras dos expertas en Leñero así que te pusimos en su misma mesa. Son dos maestras de la UNAM. De tiempo completo. Tienen plaza. Me quedo blanco al escucharlo. No mames, Flavio, cómo se te ocurre. No sé ni madres de Leñero, cómo me pones en una mesa de expertos de Leñero, no jodas. Ven, exclama Flavio lo más tranquilo, vamos a tomarnos una Piscola, ya vas a ver qué bien te sienta un combinado nacional.

III

            Mientras vamos por nuestra tercera pinta en el Perlowa, Mirna y yo disertamos sobre lo que es vivir alejados de la Academia. Escribo con más gusto, dice Mirna. Ahora cuando voy a congresos, como ahora, que estamos aquí por el puro pinche gusto -dice el pinche mirándome, como buscando decirme mira lo que aprendí en este tiempo-, disfruto el acto de escribir. Ya no necesito estar adscrita ni alineada a una línea de investigación. La única diferencia es que ahora los congresos me los tengo que pagar yo misma, pero me ha vuelto el gusto por escribir.

            Lo mismo es mi caso, les digo yo. Yo también terminé hasta el huevo de escribir pinches tesis y escribir como académico. No escribo tanto como escribía antes, pero al menos no escribo ahuevo. “Ahora resulta que el único pendejo aquí soy yo”, dice Flavio. Pues claro, debí seguir sus pasos y seguir con mi programita de Radio en Biobío, y seguir viviendo de publicidad.

            Mirna pide otra ronda. Al paso de las horas el Perlowa se ha llenado de gente, quizá han entrado unas doce personas más. Para mí esto está ya lleno, a reventar, dice Mirna. Para mí es que también, digo. Flavio saca el tríptico de su maletín y nos muestra el programa del VIII Congreso de estudios comparativos en la narrativa breve de violencia y dolor” en donde mañana compartiremos todos una ponencia. Nunca creí que este congreso llegaría siquiera a cinco ediciones, ya va por la octava. Y pensar que nosotros lo vimos nacer, dice Flavio. Y no lo veremos morir, dice Mirna, mientras se siga llamando narrativas de violencia y dolor aquí siempre un latinoamericano dispuesto a hablar de su literatura nacional. Bebemos hasta el anochecer y luego de cerrar la cuenta los tres nos vamos.

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