Los días se han acumulado como un bufo soplón en la nuca. Como un hielo cuadrado. Como un olor en el cuarto de mis catorce años que se mezcla con el del repelente de los mosquitos, porque ha llovido acá y el calor me ha hecho abrir la ventana y comparar nuestro clima con el de Hermosillo. Últimamente pienso esa geografía. En casa de mis padres, he tenido que detectar un par de avisperos y, también, debido matar más de cincuenta avispas hijas de la avispa que supongo reina por indicación de mi madre. Ayer aseguraba haber visto a la reina en el cuarto de mi hermano y en el que ahora practicamos yoga. He despertado, esa misma noche, con un tributo a la muerte sobre el pasillo largo que conecta mi cuarto con el de mi madre y mi padre, y con un olor que me hace sentir culpable a la mañana siguiente y al que mí me huele a muerte de avispas. Por la mañana recuento los daños y han caído a la sombra del retrato de mi hermano que cuelga fijamente sobre el pasillo.
Asimismo, arruiné un par de cuadros de punto de cruz de mi madre mientras las avispas volaban hacia nosotros, llenos de Raid por mi histeria del <cierra la puerta, mamá, que voy a acabar con la colmena, ya sé que están llegando por el domo que no mandamos hacer>.
El momento llegó a las diez de la noche de hace dos días y sigue persiguiendo mis pensamientos como teclas del piano de mi abuela paterna. Que suena lento, ofusco, todavía hasta el cuarto de mi abuelo, que visitan una vez a la semana cada uno de sus siete hijos desde que se cayó en el baño. La última vez que visité ese cuarto cuidé a mi abuelo con uno de mis primos, y la penúltima vez vi morir a mi abuela. Yo no sé estar en ese cuarto. Y podría entrar ahí, pero saldría igual que aquel 2014, que vi a mi hermano llorar de veras, y fue lo que me mantuvo ahí, perfectamente, como lo escribo ahora. Y quizá es injusto para todos, que no vuelva, o que no diga veamos esa antepenúltima vez en ese cuarto de los abuelos, pues todos salimos de ahí en 2014, y seguimos entrando al cuarto del abuelo. Yo digo: me apena no poder hacerlo.
Ahora lo pienso: quizá podría entrar, quitando esa fotografía. No podría volver a eso, pero quizá. Lo hemos hecho todos, por qué habríamos podido, si no.
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